Arte que nace de arte, cursi, ridículo, exagerado, pasado de moda... y las palabras que definen al Kitsch continúan para adornar este arte que se concibe “sobre decorado”.

Producto del consumismo, simulación artística o no, este arte nace en Alemania denominándole así a los objetos caracterizados por la ausencia estética que persigue una aceptación comercial. Para algunos es considerado “el antagónico del arte” y para otros “una expresión artística diferente”¿Quién dice que el arte es cuerdo?.


Lila Dipp artista tapatía creadora de “arte objeto” con influencia Kitsch define esta palabra “como un arte de origen alemán que no puede ser traducido a nuestro idioma, sino sólo creado”.

Esta artista que inició a crear arte objeto desde 1988, se vale de cajas de madera, fotografías antiguas, flores secas, collares de perla y un sin fin de baratijas de colores vistosos y tonos metálicos para fecundar sus obras Kitsch.

Entre sus creaciones están: “La balconeada”, “paquete luna mielero”,“Amada Enriqueta”, “Santos custodios” (en donde los protagonistas de esta obra son una fotografía en blanco y negro de una mujer, resguardada en los laterales por dos figurillas de plástico que simulan al “enmascarado de plata”), entre otros que hasta la fecha va creando y exhibe en “Mio cardio picaduría”, restaurante y café-galería.

El arte Kitsch está presente en todas partes, en los “recuerditos” de la playa elaborados con conchitas, en el tablero del microbusero saturado de peluche y la imagen de la “Guadalupana” a un costado, en las baratijas hechas de plástico y bisutería metálica falsa o de fantasía, en escenografías y hasta en gastronomía.

Amalia López, docente de la materia de Historia del arte en la Universidad de Guadalajara define al Kitsch como “todo aquello que parece ser, pero no es”, “un arte anacrónico que fusiona elementos artísticos ya establecidos para darles una formación con recarga sentimental, cursi... un arte sucedáneo”, arte que ella incursiona a un contexto en dónde se cuestiona su valor como arte.

El Kitsch está presente en el ambiente; respiramos, vemos, creamos y “consumimos” Kitsch. Pues hasta las sopas instantáneas sin valor nutrimental están consideradas dentro de lo Kitsch si la sometemos a “todo aquello que parece ser, pero no es”.

El Kitsch sea arte o no, recae en la subjetividad... pero lo que sí podemos decir con seguridad, es que el Kitsch es parte de nosotros pues lo vemos (y comemos) hasta en la sopa.