En un espacio de magia y sueños se convirtió el Teatro Degollado este fin de semana, al comenzar la primera temporada 2007 de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) que lleva por nombre “Leyendas y Fantasías”, por las características de las obras incluidas en las programaciones. Para esta primera fecha, fue la pianista Valeria Vetruccio quien hizo vibrar la magia interpretando a Prokófiev.
Era domingo y pasaba mediodía. En la plaza Liberación del Centro Histórico de Guadalajara l agente deambulaba por cientos en los eventos conmemorativos de la ciudad. No obstante, en el Teatro Degollado el ambiente era otro. Con un público que se consideró bueno aunque no suficiente para la apertura de la temporada, el ensamble a cargo del director titular, Héctor Guzmán, ejecutó a modo de preámbulo la Introducción y danza de La vida breve, de Manuel de Falla. La obra resultó realmente exquisita, con ritmos que van desde lo fantasioso hasta lo juguetón; producto de una ópera en dos actos que dio a De Falla el galardón en la academia de Bellas Artes en Madrid, en 1905.
Luego de un par de minutos, salió a escena la pianista Valeria Vetruccio luciendo un elegante vestido rojo. Se le notaba contenta –luego de que se quedó sin maletas a su llegada a la ciudad-, y, entre aplausos, se sentó al reluciente piano Steinway para ejecutar el Concierto para piano y orquesta No. 3, de Serguéi Prokófiev.
La obra, vale decir, hace honor al título de la temporada de conciertos, denotando variaciones rítmicas y tonales que resaltan sobretodo en el segundo movimiento, cuando la obra, y el acompañamiento de la orquesta proporciona espacios al solista para mostrar su virtuosismo. El tercer movimiento lució por su belleza rítmica, con partes que asemejan a un ballet, produciendo una instrumentación vertiginosa con momentos para el piano y el chelo, que se unen luego con violines y vientos para alcanzar un clímax de gran tensión con el que finaliza la obra.
Luego del intermedio, la magia continuó vibrando en el teatro Degollado. La OFJ, como cereza en el pastel, interpretó Sheherezada, de Rimsky-Kórsakov. la obra, que es un manojo de cuentos del medio oriente (Las mil y una noches), comenzó con un mágico solo de violín, que acompañado por chelos y vientos deja después el espacio para el chelo. Estos instrumentos, junto con los cornos, juegan un papel importante en el segundo movimiento que también marca los inicios rítmicos con solos que brillan por toda la obra que se pasea por ritmos mágicos, incluso heroicos por la naturaleza de los temas a que remite.
Lo que sucedió al final del concierto, fue que el público salió suspirando, maravillado del recinto, esperando por la siguiente actuación de la OFJ, que el próximo viernes estará en el evento especial con la ópera L’Orfeo, de Monteverdi, celebrando 400 años del inicio de este género.